¿Cómo te lo digo?

 Yo siempre fui una persona abierta y últimamente no me espanta nada. Nunca me meto en la vida de los demás y menos en lo que vos hacés o dejás de hacer. Pero te quiero decir algo que me da vueltas y vueltas por la cabeza.

 Mirá, ¿te acordás  de Augusto? ese pibe mucho más grande que vos, que vivía en la casa de al lado de lo de Normita. Si, la hija de la modista que hacía los vestidos de quince.

 Bueno, él vivía con la madre y la abuela. Del padre poco se sabía, decían que un día se tomó las de Villadiego harto de la mujer y de la vieja. Eso lo contaba la mamá de Normita que como tenían el cerco de ligustrina, mientras cosía se enteraba de todo.

Parece que el pibe cuando tenía más o menos doce años empezó a preguntar por el padre y que quería conocerlo. Ella le decía que ni lo nombrara a ese degenerado que los había abandonado. Pero el chico le insistía y la discusión  terminaba con un portazo. El portazo lo daba la abuela que se encerraba en su pieza y no salía hasta el día siguiente. Bueno, el asunto se complicó porque un día Gustito, como lo llamaban, se fugó de la casa.

Se fue con la bicicleta que le habían regalado para su cumpleaños y plata que le robó a la abuela. La madre salió como loca a buscarlo por la cuadra y al final terminó en la comisaría.

Cuando hizo la denuncia por supuesto le pidieron los datos del chico y dónde vivía el padre. Ella que no quería ni nombrarlo dijo que se había muerto.

Por fin a la noche lo encontraron a Gustito dormido en la estación de trenes y lo llevaron a la casa. Pero los policías le preguntaron algunas cosas como para saber por qué se había ido y ahí saltó que la madre no había dicho la verdad.

Según la mamá de Normita al chico casi lo matan porque además de irse de la casa, robarle a la abuela y hacerla quedar como mentirosa a la madre, seguía con el tema de conocer al padre.

Después, no me acuerdo si la abuela se murió y ellos se mudaron o fue al revés, se mudaron y la vieja tal vez se murió de pena por haber dejado el barrio. El caso es que no supimos nada por unos cuantos años, hasta que un día, me acuerdo que yo estaba charlando en la vereda con la mamá de Normita, vimos venir una chica muy llamativa que se nos iba acercando y sonreía.

Tenía el pelo largo, pelirrojo y unos anteojos negros. El vestido muy ajustado y unos tacos aguja  de más de diez centímetros. Se paró y nos dijo si nos acordábamos de ella. La miré de arriba abajo y no pude reconocerla. La miré a la mamá de Normita y ella hizo un gesto de no sé quién es. La chica se rió fuerte y nos dijo que era Gustito, pero ahora se llamaba Agustina y que se alegraba de vernos, que estábamos como antes y que venía a hacer un trámite en el Registro Civil.

Nos quedamos firmes sin decir esta boca es mía hasta que nos contó que la madre estaba en un psiquiátrico porque se le daba por tomar querosén. Se acordó del día en que desapareció y casi lo matan .Nos dijo que en este barrio se había sentido feliz a pesar de que no lo dejaban jugar con los vecinos y que después de que se fueron empezó a trabajar como cadete en una tienda de ropa. Qué ahí conoció a Marcelo, el amor de su vida y que se dio cuenta de que la madre no andaba bien porque se pasaba comprando querosén que guardaba en botellitas adentro del ropero.

Marcelo, tenía un primo enfermero en un psiquiátrico y después de muchas idas y vueltas pudieron internarla. Cuando tuvo ubicada a la madre parece que a través de esas redes nuevas de internet encontró al padre que estaba en pareja con un antiguo compañero de la Marina. Que lo visitó varias veces y que últimamente salen los cuatro juntos de vacaciones.

¿A qué viene todo esto?

¡Ah! ya me acuerdo.

Lo que te quiero decir, no sé si me entendés , es que si a vos se te da por buscar a ese malparido que jamás se preocupó ni por Gustito ni por vos, yo me tomo el querosén, pero antes, te rompo el alma.